Escucho en la radio una vieja canción de Franco Battiato, un tema que fue un superéxito hace ya un tiempo y la música me transporta a Sicilia. Es “Voglio vederti danzare” (“Quiero verte danzar”), una personalísima canción de Battiato, como todas las suyas, por otra parte. Cierro los ojos y recreo mentalmente las imágenes que sugiere la letra de esta canción envolvente: “Quiero verte danzar, como cíngaros del desierto, como derviches que giran, como bailarines búlgaros descalzos sobre braseros ardientes…”.
Sin duda, no es casual que su autor haya nacido y viva en Sicilia, la isla más grande del Mediterráneo, cruce cultural de Oriente y Occidente, con un riquísimo pasado griego, romano, árabe, normando… Sigo escuchando a Battiato: “…y gira todo en torno a la estancia, mientras se danza” y, miméticamente, casi sin darme cuenta, abro mi frasco de perfume de la Línea Zagara, de Ortigia, para disfrutar de un modo intenso este ritmo obsesivo “en clave de ritos tribales, reinos de hechizos y de músicos gitanos rebeldes…”.