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En Sicilia y sus ciudades convergen toda la arquitectura e historia de Europa y del Mediterráneo. La isla es cambiante y única en sus calles, plazas, terrazas y palacios. Cada ciudad arrastra y vive una única tradición y civilización diferentes a las demás ciudades. Pero hay algo común en toda la campiña siciliana: el Fico D’India, eco de su cercanía con Africa, de sus huellas españolas. Este cactus (“Opuntia ficus-indica”, chumbera) grande y potente, con sus coloridas corolas albero, naranja o coral, invade todo el paisaje siciliano con elegancia y exotismo estético.

El aroma del aceite absoluto de sus flores, higos y hojas, nos seduce y transporta a las tierras volcánicas de las laderas del Etna y las Eolias, donde el fuego se funde con el mar.