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La vinculación del sándalo con Sicilia es ancestral. A través del comercio en tiempos de la Magna Grecia y del Imperio Romano el aroma de sándalo llegó a la isla desde la India, de donde el árbol es originario. Todos los siguientes pueblos que ocuparon Sicilia, árabes, bizantinos, normandos, austriacos y españoles quedaron prendidos del aroma y, de alguna manera, lo adoptaron como propio. La belleza del sándalo radica en su dulce y cremosa esencia que la hace diferente del resto de las maderas utilizadas en perfumería, que tienden a ser secas. El sándalo purifica, eleva el espíritu. Su aura, baila una misteriosa danza oriental de la que es difícil desprenderse.