“¿Hay vida en el Mar Muerto?”. Es una pregunta recurrente, Y sí, la hay, aunque sólo algunos organismos unicelulares sobrevivan en ese hábitat extremadamente salino. “¿Y por qué hay tanta sal?”. Porque este mar es, en realidad, un gran lago salado, situado en el punto más bajo de la tierra (400 metros por debajo del nivel del mar), que recoge las aguas del río Jordán, entre otros.

Aguas que entran y que ya no vuelven a salir en estado líquido, porque no existe desagüe alguno. Una cantidad ingente de sales se depositan allí. El río Jordán por ejemplo, deja más de ochocientas mil toneladas cada año y en un día soleado pueden llegar a evaporarse hasta siete mil toneladas de agua. “¿Y qué queda después?”. Pues ni más ni menos que una inmensa, única y extraordinaria riqueza natural en forma de sales y minerales con un nivel único de concentración, venerado desde la antigüedad remota por su uso beneficioso en agricultura, cuidado personal y medicina.

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